Yo sabía mirar,
una noche aprendí a ver.
Mi cama, hielo,
cuando tu piel no toca las sábanas.
Mis monstruos asustados
protestan por tus muecas.
Se vuelven diminutos,
gritan hambrientos,
se quedan sin voz.
Antídoto de la realidad,
sigue siendo tu mano.
Dame lo contrario a desangrarse,
quizás así lo pueda explicar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario